BABA CHAPATI

 Delhi me deslumbró, quizás mejor me sedujo, me fascino desde el principio, desde el instante en que subimos al autobús camino del hotel. El caos, los pitidos continuos sin explicación aparente, el calor sofocante y eran las seis y media de la mañana. Nuestro autobús hacía lo que podía como el resto para avanzar entre aquellas calles repletas de todo tipo de vehículos entre los que se adivinaba una obra de grandes magnitudes: la línea de metro que unirá la ciudad con el aeropuerto. De todas formas nosotros sólo queríamos llegar al hotel para salir a la calle y empaparnos de todo aquel ajetreo. Así que salimos pronto y en grupos fuimos negociando y subiendo a diferentes rickshaw y desde allí al Fuerte Rojo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2007.El fuerte rojo fue un palacio en la nueva capital de Shah Jahan (emperador mogol en la India desde 1628 hasta 1658), Shahjahanabad, séptima ciudad musulmana que se erigió en la zona que ocupa la actual Delhi. Shah Jahan trasladó la capital desde Agra en un intento de dotar de más prestigio a su reino y para conseguir un lugar en el que desarrollar sus ambiciosos esquemas de construcción. El fuerte rojo se empezó a construir en 1638 y no estuvo completado hasta diez años más tarde. Después de visitarlo y de disfrutar, algo acalorados, los diferentes palacios y mezquitas salimos de camino a la gran mezquita Jama Masjid construida por el mismo emperador mongol. Cruzar la gran avenida que los separa fue toda una proeza de inconsciencia y suerte. Los alrededores de la gran Mezquita estaban rodeados de mercadillos desde los que no paraban de llamarnos mostrando sus mejores reclamos. El pasillo central que conduce a la puerta principal muestra un gran estanque rectangular lleno de porquería que debió en algún momento ser una maravillosa fuente. Vamos avanzando como podemos entre la multitud que se agolpa en las escaleras. Es realmente terrible el grado de obscenidad con que muestran manos sin dedos, piernas amputadas y todo lo imaginable. Es la pobreza, el espectáculo que no hemos venido a ver pero que acude a nosotros como parte del pago que debemos realizar. Cuando llegamos a la puerta de Jama Masjid a los hombres nos hacen descalzar y a las mujeres que quieren entrar ponerse una especie de batas de telas de lunares. Cruzamos el enorme patio y buscamos uno de los minaretes y después de pagar ascendemos lentamente por unas escaleras de caracol que de vez en cuando abren un punto de luz por el que colar la mirada. Desde arriba podemos contemplar la ciudad y sobre todo los barrios que la rodean Lal Kunn Bazar y Naya Bazar. Al bajar nos adentramos en el barrio Nai Sarak en el que comemos en uno de los restaurantes famosos de la zona toda la variedad de pollos, eso sí bien picantes y especiados. Al salir de comer decidimos pasera por los bazares y por la famosa calle de Chandani Chowk. Es imposible sustraerse al ajetreo, negocios que parecen improvisados, gentes por todas partes, coches, motos, rickshaw. Nuestros sentidos están completamente estimulados y casi pudiera decirse que estresados, pero en medio de todo aquel hervidero de vida surgió la imagen que jamás olvidaré. BABA CHAPATI, señor pan. Aquel niño nos fue persiguiendo durante buen rato y haciendo dicha solicitud a cada uno de nosotros. De algunos saco unas rupias, de no haberlo hecho hoy me sentiría terriblemente mal.
La petición de Baba chapati contrastaba con aquellas calles llenas de luces y atiborradas de gente haciéndose un hueco entre los escaparates de las joyerías más reputa
das de Delhi, allí en aquel caos de calles destartaladas la plata y el oro se amontonaban en las vitrinas interiores. Al final salimos a la avenida Netaj Subash Marg donde logramos subirnos a otro rickshaw y jugarnos el tipo por las calles de Delhi. En el hotel nos esperaba una buena ducha y tres horas de sueño ya que salíamos a las cuatro para el aeropuerto camino de Leh.

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